El epazote (Dysphania ambrosioides) es una de las hierbas más representativas de la cocina mexicana. Su aroma intenso, ligeramente alcanforado y terroso, es inconfundible. Si alguna vez comiste frijoles de olla perfectos o quesadillas de hongos en un mercado de CDMX, probablemente ya lo probaste sin saberlo.
Pero más allá del sabor, el epazote tiene una historia medicinal larga y bien documentada. Esta guía explora qué dice la ciencia sobre sus beneficios, cómo usarlo en cocina y cuándo —y cuándo no— tomarlo como té.
Es una planta herbácea anual o perenne originaria de México y Centroamérica. Crece de forma espontánea en muchas zonas urbanas de CDMX. Su nombre viene del náhuatl epazotl (epatli = zorrillo, zotl = hierba) por su olor penetrante. Se usa tanto fresco como deshidratado, aunque el fresco tiene mayor intensidad aromática.
El uso más difundido y el más respaldado. El epazote contiene ascaridol y terpenos que reducen la formación de gas intestinal. Por eso se agrega a los frijoles: no es folclore, tiene base científica. Estudios in vitro han confirmado su efecto sobre las bacterias que producen metano en el colon.
El aceite esencial del epazote ha mostrado actividad inhibitoria contra E. coli, Salmonella y Candida albicans en estudios de laboratorio. El ascaridol —su compuesto activo principal— tiene propiedades antiparasitarias conocidas desde la medicina tradicional mesoamericana.
Contiene flavonoides, fenoles y vitaminas C y E que combaten el estrés oxidativo celular. Su capacidad antioxidante es comparable a la de hierbas como el tomillo y el romero en estudios comparativos.
El epazote deshidratado es una buena fuente de hierro, calcio, magnesio y zinc. 100g de epazote seco aportan cantidades significativas de hierro no hemo, lo que lo hace interesante para dietas vegetarianas o veganas cuando se combina con vitamina C para mejorar su absorción.
El uso más clásico. Se agregan 2-3 ramas frescas (o 1 cucharadita de epazote seco) durante los últimos 20 minutos de cocción. Mejora el sabor y reduce los efectos digestivos de los frijoles. No lo agregues demasiado temprano: el calor prolongado destruye sus aceites volátiles.
Una hoja o dos de epazote fresco en la quesadilla antes de doblarla aporta un sabor terroso que complementa perfectamente el queso Oaxaca o el requesón.
En algunas regiones de Veracruz y Oaxaca se usa en la masa de tamales de elote. También aparece en atoles regionales donde aporta un sabor herbal.
En caldos de pollo, pozole o sopa de lima yucateca, el epazote aporta profundidad. Agrégalo 5 minutos antes de servir para preservar su aroma.
Se puede tomar 1-2 veces al día después de comidas pesadas para ayudar a la digestión.
El epazote fresco tiene un aroma más potente e inmediato. El deshidratado tiene una vida útil mucho mayor (hasta 18 meses) y es más práctico para quienes no tienen acceso a mercados especializados. El sabor del seco es ligeramente más suave pero igualmente funcional en cocina.
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